No es ciencia ficción: Estados Unidos sepultó desechos nucleares bajo un domo que se está abriendo

Estados Unidos sepultó material radiactivo bajo un domo en las Islas Marshall y la estructura se está abriendo. La construcción creada en la década de 1980 para encapsular restos de una lluvia radiactiva tras pruebas nucleares en la zona.

El mensaje fue provisto por Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas (ONU). El jueves contó a una multitud sobre el enorme «ataúd» construido por Estados Unidos en las Islas Marshall para albergar desechos mortíferos. El problema es que las mareas generaron un deterioro e incluso una fuerte tormenta podría romper los cimientos.

Según informó Agence France-Presse, el funcionario se reunió con la presidenta de las Islas Marshall, Hilda Heine, y dijo que la mandataria está muy preocupada por el riesgo de que se filtren contenidos.

Los restos surgieron de la prueba conocida como «Castle Bravo», la cual resultó en una explosión dos veces y media mayor de lo esperado. Las cenizas radiactivas cayeron a más de siete mil millas cuadradas del sitio, y aniquilaron a las islas habitadas cercanas. El hecho sucedió a las 6.45 am del primero de marzo de 1954, producto de la primera bomba de hidrógeno hecha por el gobierno de Estados Unidos.

La detonación formó parte de las 67 pruebas nucleares desarrolladas entre 1946 y 1958 en las islas del Pacífico central. La presión internacional detuvo las pruebas, pero los daños continúan hasta la actualidad.

A partir de 1977, 4.000 miembros del servicio militar de Estados Unidos comenzaron a recolectar un estimado de 73.000 metros cúbicos (2,58 millones de pies cúbicos) de tierra contaminada en las islas, según el gobierno de las Islas Marshall. El material fue transportado a un cráter de 328 pies de largo. En 1980 se colocó una cúpula masiva de hormigón. Sin embargo, se suponía que el proyecto de 218 millones de dólares era temporal, pero no se desarrollaron otros planes. Según The Guardian, los lugareños lo llaman «la tumba».

En 1983, se firmó un pacto de libre asociación entre las Islas Marshall y los Estados Unidos. El acuerdo resolvió «todas las reclamaciones pasadas, presentes y futuras» vinculadas a los ensayos nucleares, y dejó la cúpula al cuidado de la isla. Sin embargo, el gobierno del archipiélago no tiene dinero para apuntalar la estructura.

«Está claro que el gobierno local no tendrá la experiencia ni los fondos para solucionar el problema si necesita una solución en particular», dijo un funcionario marshalés a The Guardian.