¿Cómo será el grado de la limpieza en Colón?

Plantel largo, sin resultados positivos a excepción de esta continuidad en la Copa Sudamericana (y como valor agregado, también la Copa Argentina), pero con un promedio que ocupa y preocupa para la temporada que viene. Con ese punto de partida, la dirigencia de Colón (con Lavallén y muy posiblemente un secretario técnico cuyo nombre podría conocerse en un par de semanas y fue uno de los temas tratados en la última reunión de comisión directiva), arrancará su último año de gobierno, porque finalizará su mandato en junio del año que viene, con la principal misión de sostener al club en la Primera División.

No debe sonar a extremista, sino a realista. Colón está ocho puntos por encima de Newell’s y Gimnasia, que arrancan con el promedio más bajo. Tiene debajo suyo, además de estos dos y de Arsenal y el otro que ascienda, a Central, Patronato, Lanús y Argentinos Juniors. No es una posición cómoda. Tampoco está con la soga al cuello, pero la situación se puede complicar y es lo que hay que evitar. El terreno que se perdió es grande y fue costoso. En lo deportivo y en lo económico. Cinco jugadores y un plantel que contuvo a 39 jugadores no dieron ninguna respuesta, salvo esta continuidad en las copas. Vignatti había apuntado a otra cosa, tenía otros objetivos, pero desde esa situación de inestabilidad y convencimiento con la que se apuntaló la continuidad de Eduardo Domínguez (que quizás venía de las dos partes), se empezó a armar esta historia que no pudo revertirse a pesar de que a fin de año se trajo un entrenador que venía de ser subcampeón de la Sudamericana y al que se le agregaron varios refuerzos. Está visto que los errores se sucedieron y que deportivamente se perdió lo que se había logrado, al menos desde el punto de vista de la consolidación en Primera.

Insisto en que Colón no está con la soga al cuello, pero también es cierto que la situación merece especial atención. Y que vuelve a fojas cero, casi al mismo punto de partida con el que arrancó Vignatti su retorno al club después de mucho tiempo de estar alejado en su función de presidente.

Se vendrá una “limpieza” y ya hay algunos indicios. La rescisión de Bastía es un gesto claro y contundente, más allá de que se caía de maduro que no iba a continuar integrando el plantel a partir de junio por razones naturales. El Polaco ha redondeado una gran carrera, pero en estos últimos tiempos no logró colmar expectativas. Entre el Bastía de aquél último partido de la temporada anterior contra Racing (la noche de la clasificación para la Sudamericana) y el Bastía del partido con Talleres (error que costó un gol del rival), hay una enorme diferencia. Y a los 40 años, hay motivos naturales ­insisto como para pensar en que ya no se puede gozar de él como integrante competitivo del plantel de Primera.

Hay jugadores que, además de Bastía, tienen contratos que vencen el 30 de junio. Hasta esa fecha, sólo quedan los dos partidos de la Sudamericana (el de la Copa Argentina se jugará luego de la Copa América). Schmidt, Olivera, Clemente Rodríguez, Fritzler, Zuculini, Heredia, Estigarribia y Gonzalo Bueno finalizan ese mismo día. ¿Habrá gestiones con alguno de ellos para definir la continuidad? Hoy, la certeza es que la gran mayoría es un hecho que dejarán el club. En esto pesará el pensamiento de Lavallén, que seguramente elaborará un diagnóstico entre lo que vio y lo que le contaron que pasó en este año lleno de hechos que son decisivos para la toma de decisiones.

Hay jugadores que podrían provocar dudas respecto de su continuidad. Dos ejemplos claros son los de Olivera y Fritzler. No desentonaron. Olivera fue el de rendimiento más parejo entre los zagueros, siempre en el marco de una defensa que sintió mucho la salida de Conti y que nunca pudo reemplazar la enorme incidencia que el actual jugador del Benfica tenía en la solidez defensiva del equipo. Fritzler no tuvo un rendimiento tan parejo como el del primer año, pero anduvo bien. Después, Zuculini estuvo muy perseguido por los problemas físicos (de molestias y lesiones), sólo tuvo algo de continuidad pero cuando el técnico era Domínguez, mientras que Heredia tuvo altos y bajos, al igual que Estigarribia.

Lavallén analizará muy bien si quiere o no que por estos jugadores se negocie para su continuidad. Como así también deberá tomar otras decisiones respecto de jugadores que son del club, que tienen contrato vigente pero que no terminan de conformar. Entre los que llegaron con Comesaña, Esparza y el Pulga Rodríguez son los que mejor impresión dejaron, pero en el caso de los colombianos, Celis y Morelo seguramente mantendrán su lugar para ver si con el tiempo pueden mejorar y acercarse al nivel que tuvieron en su país, pero se deberá analizar con detenimiento lo de Cadavid, a quién le costó mucho la adaptación a las exigencias del fútbol argentino.

Burián, Chicco, Haas, Toledo, Vigo, Ortiz, Cadavid, Escobar, Quiroz, Garcés, Bernardi, Celis, Chancalay, Braian Galván, Mateo Hernández, Moschión, Zuqui, Esparza, Leguizamón, Morelo, el Pulga Rodríguez, Pierotti y Zurbriggen son los jugadores que tienen contrato vigente. A partir de allí hay que empezar a pensar en el armado del plantel. De este grupo, posiblemente haya también una depuración. Se habla de que algunos jugadores no verían con malos ojos la posibilidad de una salida. Y también hay que pensar en potenciar a algunos de ellos. Caso concreto el de los delanteros. Ni Leguizamón ni Sandoval fueron tenidos en cuenta “seriamente” por los entrenadores. Se los tapó. Se los dejó al margen. Jugaron en reserva. Y aparecieron cuando no quedó otra opción. Sandoval hizo goles en la Copa Sudamericana y Leguizamón fue una de las figuras ante Tigre en la eliminación de la Copa de la Superliga. Son casos similares al de Tito Ramírez en su momento. Fue a Tiro Federal, salió goleador y volvió distinto. Si no se les piensa dar oportunidades “en serio”, lo saludable es pensar en ellos como una opción de salida para que tengan continuidad en otro club y no seguir tapándolos o relegándolos.