A Barranquilla se va el caimán y también un Colón en ganador

Los 32 grados de temperatura que se están pronosticando para este miércoles en la siempre cálida Barranquilla, le agregan calor al ya de por sí caliente clima que se está viviendo en esta ciudad. Enojados por el supuesto perjuicio en los rendimientos arbitrales, a Junior le cuesta mucho encontrar el gol. Además, el decepcionante momento de Teófilo Gutiérrez, que apenas tiene un gol en 945 minutos jugados en el semestre, le agrega preocupación al rival que tendrá un Colón que llega más que entonado por una victoria que no sólo fue clara y justa, sino que se forjó a partir de rendimientos individuales y figuras impensadas.

“Nos tapó la boca a todos”. Y éste puede ser el primer concepto, el que sale a flor de piel cuando se habla de los tres goles de Leonardo Heredia y de la muy buena actuación de Franco Zucculini, factores clave e impensados de la victoria y de un rendimiento que se edificó sobre pilares muy sólidos y que no venía mostrando el equipo de Domínguez.

El fútbol no sólo tiene de estas cosas (que un equipo que no viene jugando bien, de pronto se ilumine y gane con amplitud en todo) sino también que es impulsivo. Y lo peor que le puede pasar a Colón —y al técnico, claro— es manejarse por los impulsos. Y suponer que lo del viernes, en el Centenario, es el comienzo de algo nuevo.

La sensación que dio Domínguez en el armado del equipo, fue la de “jugarse” contra los mendocinos de Godoy Cruz. A la cancha Zucculini, un jugador que iba al banco pero nunca entraba. Fue un gran acierto, porque Zucculini resultó clave para contagiar al resto. Presión constante sobre el rival para recuperar la pelota y verticalidad en el juego. Esos dos atributos que mostró el debutante, se contagiaron en el resto. Y vimos a otro Colón.

El equipo respondió a la confianza del entrenador, mostró nobleza y entrega. No eran pocas las bajas. En un plantel que no derrocha jerarquía, que no estén Ortiz, Alan Ruiz y Correa es mucho. Después, podemos discutir si Alan Ruiz tiene o no tiene que jugar, con este nivel que ha mostrado el “10”. No es indiscutible como jugador, es cuestionable su presente. Y sus movimientos en la cancha. El técnico dice que, para él, Alan Ruiz es delantero y lo que menos hace adentro, es jugar de delantero. Entonces, la pelota pasa por él a 50 ó 60 metros del arco rival y, desde allí, es muy difícil que se genere una jugada de peligro, a no ser que se hilvane con algún pelotazo largo, como pasó en Paraná ante Patronato. La tendencia y la tentación a darle la pelota a él, es muy grande por parte de todos. Y allí se le simplifica al rival. Primero, porque está lejos del arco de enfrente; y segundo, porque es mucho más fácil robarle la pelota, apretarlo y ganársela en sectores intrascendentes del terreno.